Jon Sistiaga: “La empatía es una de las herramientas que podemos tener para controlar nuestras emociones”

MADRID, 13 de Diciembre de 2012.

El conocido reportero de televisión Jon Sistiaga estuvo presente este año como conferenciante en las Jornadas de Reflexión de Attitudes, centradas esta edición en la empatía en la conducción y su influencia en la seguridad vial. Su intervención se centró en un pequeño experimento audiovisual en el que abordó, desde su experiencia profesional en conflictos bélicos y catástrofes naturales, la influencia de la empatía desde una perspectiva social. Y a tenor de los comentarios de los asistentes que lo consiguió. Con su característico estilo periodístico, fue capaz de trasladar a la audiencia la importancia que puede tener la empatía en situaciones límite, en esos momentos donde puede ser tan decisivo controlar nuestras propias emociones, como por ejemplo cuando realizamos la acción de conducir.

¿Para dedicarse al mundo del periodismo que tú haces es necesario tener empatía?

Para hacer mi trabajo yo creo que es absolutamente necesario tener empatía. La empatía entendida, en los momentos más complicados, como ponerte en el lugar del otro. Y teniendo en cuenta que el otro, en una situación de conflicto, desastre humanitario o catástrofe natural, siempre es una víctima o es alguien que está ayudando a las víctimas o provocando víctimas. Entonces, tienes que saber cambiar de chip rápidamente y meterte en los zapatos de esa persona que está sufriendo o de esa otra persona que está haciendo sufrir.

¿Crees que para triunfar en el ámbito profesional, social o personal, la empatía es un factor emocional que puede ser básico?

Yo creo que la empatía, en cualquier ámbito profesional o personal ayuda mucho, aunque no estoy muy seguro de que sirva para triunfar en la vida profesional. No creo que por ser más bueno o más condescendiente o percibir mejor las emociones de la gente de tu alrededor o de tu equipo eso significa que asciendes en el escalafón profesional. Eso no quiere decir que todo jefe sea un tipo malo porque no es así, pero la experiencia demuestra que tampoco se necesita ser buena gente y entender a los de abajo para triunfar en la vida profesional.

En un trabajo tan peligroso como el tuyo, ¿hasta qué punto el control de las emociones y las reacciones psicológicas puede condicionar el éxito o fracaso del mismo?

Aquí hablamos de esa frontera entre parecer un tipo duro, frio y sin emociones o ser alguien que simplemente sabe controlar esas emociones, que está entrenado para ello, y que aunque parezca un tipo duro, simplemente está tratando de pensar rápidamente como solucionar esa situación o  como tomar una decisión en ese momento límite, en ese momento de crisis. Esto se consigue, primero, por la forma de ser de cada uno; segundo, asumiendo tus límites como persona; tercero, entrenando tu capacidad de empatía, es decir, frenar un momento y decir a quién tengo delante, que quiere o espera de mi, o como me está percibiendo él. Y ya en cuarto lugar, como herramienta profesional que desarrollas con muchos años de experiencia.

En el ámbito vial siempre se suele achacar a la figura de ‘los otros’ la responsabilidad de muchas de nuestras acciones. ¿No crees que sucede igual en nuestro ámbito personal o profesional?

Que la culpa es siempre del otro, es una frase que podemos aplicarla no solo a la seguridad vial sino a cualquier conflicto armado, a la vida política del día a día e incluso a la vida profesional. Desafortunadamente, no vivimos todavía en una sociedad que esté acostumbrada a reconocer los errores, empezando por los políticos, que es la mejor forma de solucionar las cosas. Profesionalmente, estamos también acostumbrados a que el marrón siempre se lo coma otro sin asumirlo.

Yo, en mi vida profesional, he optado por una decisión y es que cuando manejo equipos, si las cosas salen bien el éxito tiene que ser del equipo, pero si fracasan la responsabilidad solamente tiene que ser mía, ya que soy quién toma las decisiones.

¿Cuál era el objetivo que perseguías con la ponencia que has llevado a cabo en las Jornadas de Attitudes? ¿Qué querías transmitir a los asistentes?

Creo que la empatía es una capacidad que tiene el ser humano y que tiene únicamente el ser humano, no hay ningún otro animal que sea capaz de ponerse en el lugar del otro. Podrá mimetizarse pero no ponerse en el lugar del otro. Pienso que esa capacidad no la tenemos demasiado desarrollada en nuestro día a día y creo que se podría aplicar.

Lo que pretendía con mi ponencia era llevar la capacidad de empatía de los asistentes al límite, a unas situaciones en las que nunca les han puesto, y con unas vivencias que han tenido muy tangencialmente o muy de lejos viéndolas por la tele. Trataba de meterles dentro de mi propio cerebro, en como yo pienso y las cosas que me ocurren, para mediante ese esfuerzo extremo hacerles ver que si son capaces de meterse en la cabeza de Jon Sistiaga mientras le disparan en Jerusalén, son capaces de meterse en el cerebro del conductor que tengan delante cuando hace algo que crean anómalo.

Y tú que has viajado por tantos países ¿crees que los españoles somos empáticos?

Los españoles somos empáticos en su justa medida. Hay países que como conductores son mucho más empáticos que nosotros, sobre todo en el norte de Europa, pero nosotros estamos en esa frontera que es ya el lado salvaje de la educación vial que es África, Asia y Sudamérica donde no es que no haya concepto de empatía, es que no hay educación vial ni hay normas. Nosotros, respecto a esos países, estamos muy avanzados pero con respecto a otros países del Norte de Europa todavía estamos muy lejos.

Tus reportajes de televisión inciden especialmente en la condición humana y sus contradicciones ¿No crees que un ecosistema tan particular como el del tráfico también ofrece multitud de contradicciones y paradojas?

El ser humano es un ser paradójico en sí mismo, eso es lo que le hace tan atractivo. Las emociones humanas podemos tratar de controlarlas después de estudiarlas mucho tiempo pero es verdad que al final siempre hay un relé que salta y que es casi imposible de controlar. La empatía es una de las herramientas que podemos tener para controlar esas emociones, pero yo dudo mucho también de que pese a ser conscientes de nuestra empatía, cuando por ejemplo estamos conduciendo y tratamos de ser los mejores conductores posibles, de vez en cuando y sin saber por qué, volvamos dos pasos atrás e insultemos al de delante, aunque luego automáticamente digas “bueno a lo mejor…”. Es lo que nos falta todavía, que no conseguimos controlar nuestras propias emociones.

Y tú que has tenido la oportunidad de contrastarlo, ¿los conductores españoles somos mejores o peores que los de otros países?

Los conductores españoles son muy buenos comparados con los conductores somalíes pero son muy malos comparados con los conductores suecos. Obviamente, no tenemos que ir hacia el contexto somalí, tenemos que ir hacia el contexto sueco y yo creo que poco a poco lo vamos logrando. Quizás sea una percepción personal mía, pero yo creo que últimamente se conduce bastante mejor en las carreteras españolas.

 

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