“Hay muchas preguntas sin respuesta en un entorno tan complejo como es el del tráfico”

MADRID, 24 de Noviembre de 2011.

Entrevista a Tom Vanderbilt, periodista y escritor norteamericano, autor del libro “Tráfico”

Tom Vanderbilt es un periodista y escritor norteamericano que se ha dado a conocer mundialmente por su best seller “Tráfico”, una obra que estudia la actividad diaria de ponerse al volante para revelar la compleja red de factores físicos, psicológicos y prácticos que determinan cómo funciona el tráfico, por qué conducimos como lo hacemos y qué dice eso de nosotros.

Pero es que además de esta faceta relacionada con la seguridad vial, Tom Vanderbilt suele escribir asiduamente sobre diseño, tecnología, ciencia y cultura, entre otros temas, para diferentes publicaciones americanas, entre las que destacan The Financial Times, The Wall Street Journal, Travel and Leisure, Rolling Stone y The New York Times Magazine.

Es autor de libros como la “Ciudad superviviente: aventuras entre las ruinas de la América Atómica” o “El libro de  la zapatilla de deporte”, siendo “Tráfico: Por qué el carril de al lado siempre avanza más rápido y otros misterios   de la carretera”, su libro más reciente, publicado en más de 20 países.

Tom Vanderbilt  ha sido consultor de diversas compañías, desde agencias de publicidad hasta corporaciones  Fortune 500, y ha impartido conferencias sobre diferentes temáticas, entre las que destaca la seguridad vial, en diversas instituciones de todo el mundo.

En su actividad divulgativa ha participado, asimismo, en una amplia variedad de programas de radio y televisión de todo el mundo, incluyendo cadenas del prestigio e influencia de la NBC, ABC, NPR, BBC, MSNBC, Fox y la CNN, entre muchas otras.

Es, además, profesor visitante en el Centro de Política de Transporte y Gestión de la Universidad de Rudin (Nueva York) y  miembro del Comité Asesor de la Guerra Fría del  Departamento de Interior de los EE.UU.

Con el título “Cómo nos traicionan los ojos y el cerebro en la carretera”, Tom Vandebilt fue el conferenciante de este año en la 10ª Jornada de Reflexión de Attitudes celebrada en Madrid el pasado mes de octubre. Y aprovechamos este encuentro para mantener la siguiente entrevista:

 

Las Jornadas de Reflexión de Attitudes se centran sobre todo en la investigación y análisis de temáticas relacionadas con el comportamiento humano al volante ¿Por qué cree Vd. que los factores psicológicos tienen tan poco peso específico en la formación de los conductores?

Puede haber dos razones. La primera simplemente es por cuestiones de gobernanza, por las presiones que en Estados Unidos y otros países hay sobre el presupuesto relacionado con la formación del conductor. En Nueva York, por ejemplo, recientemente se ha anunciado que ya no vamos tener pruebas de visión para los conductores, empezando con esa política de ahorro de costes. Así, que si no hacemos lo básico, no cabe esperar que hagamos cosas más complejas como son los factores psicológicos.

La segunda razón es que a los factores psicológicos no se les ha dado la suficiente importancia, aunque hay excepciones. Por ejemplo, a los ingenieros de tráfico de Holanda se les requiere que hagan un curso de psicología, cosa que no ocurre en Estados Unidos.

 

En las Jornadas de Attitudes de este año hemos tratado el tema de la conducción subconsciente o automática y lo que más nos ha sorprendido es que a pesar de ser un fenómeno muy generalizado entre los conductores de cualquier país, apenas existen referencias legislativas o científicas al respecto ¿Qué opinión le merece este hecho?

Creo que en primer lugar, el estudiar para conducir es una cosa que existe desde que se creó el coche,  pero creo que solo en los últimos cinco años empiezan a surgir diferentes disciplinas que han posibilitado una especie de renacimiento en su estudio. Para mí, una de las cosas más interesantes cuando trabajé en mi libro es descubrir que hay muchas preguntas sin respuesta en un entorno tan complejo como es el del tráfico, donde hay muchas variables y donde es difícil replicarlas a las personas. Es también lo que sucede con esta cuestión de la conducción subconsciente, un tema interesante pero que sigue siendo un misterio.

 

En su opinión, ¿la conducción subconsciente es positiva o negativa para la seguridad vial?

Yo creo que hasta cierto punto, las dos cosas. Como en cualquier práctica que se realiza demasiado, puede haber problemas en si mismo. Es como aquel futbolista que piensa mucho en el
lanzamiento de un penalti y lo más seguro es que lo falle. En algunos casos, no pensar demasiado sobre algunos aspectos de la conducción, libera la atención para otros posibles peligros, pero con frecuencia las personas pueden utilizar su atención para hablar por el  móvil. Es todavía un misterio, porque no sabemos si en caso de accidente el conductor se encontraba
conduciendo en estado subconsciente y el conductor tampoco se acordaría si estaba en ese estado.

 

La conducción subconsciente se suele producir con mayor frecuencia en los conductores experimentados que en los noveles. Vd., que ha defendido en algunas ocasiones el rol del conductor novel sobre el experimentado, ¿cómo valora este dato?

Me gustaría aclarar que desde el punto de vista estadístico, los jóvenes y los más mayores son los que más riesgo tienen. Estos problemas están relacionados con la experiencia pero también con otros factores, por ejemplo, a los conductores jóvenes lo que les pasa es que les faltan las habilidades, los ojos no miran adonde deberían mirar y los mayores tienen más reflejos con la vista. La experiencia puede ser un riesgo en si misma, los estudios demuestran que los conductores que van por su propio barrio, tienden a saltarse más las señales de tráfico que cuando están conduciendo por lugares no tan conocidos y es que el exceso de confianza debido a la familiaridad  provoca una falta de vigilancia, aunque el conductor joven está más pendiente. Estadísticamente ese es el patrón, pero también hay excepciones.

La realización de rutas habituales y conocidas parece que es un factor decisivo en la conducción subconsciente. ¿Conoce Vd. algún tipo de experimento relacionado con la influencia que tiene conducir siempre por los mismos itinerarios?

No sé si se ha estudiado esto, lo que nos indica también la complejidad de organizar un experimento sobre esta temática de una manera científica. Si que se han realizado estudios en un simulador, donde se han ido cambiando las señales de tráfico a medida que la gente iba conduciendo, y la gente no se ha dado cuenta porque creen que ya han visto esa señal y se convierte en invisible. Esta hipótesis, probablemente, es correcta pero no he visto ninguna investigación completa al respecto.

¿No es una paradoja el hecho de que los automóviles incorporen cada día más mejoras para facilitar la conducción al conductor y que todas esas tecnologías hagan que el conductor se relaje más y por tanto tenga la mente en otras cosas?

Si nos atenemos a las teorías sobre el riesgo, éstas nos dicen que a medida que nos sentimos más seguros, adoptamos más riesgos, pero la tecnología viene ayudando al conductor a ser más seguro. Pero en estos momentos estamos en una etapa muy interesante porque estamos a medio camino de la conducción completamente manual o completamente automática y autónoma, y esto está creando unas situaciones extrañas algunas veces, por ejemplo, con el control de velocidad que obliga a que el conductor tenga las manos en el volante o si no la tecnología no funciona. Ese es un requisito para que el conductor esté atento y con un adecuado nivel de atención.

¿Qué tipo de acciones se deberían implementar, de forma genérica, para concienciar al conductor de los efectos de la inatención en la conducción?

Varias acciones en varios ámbitos. Lo primero, un pasajero es como un mecanismo de seguridad añadido, porque otro par de ojos también pueden dar información al conductor y también nos mantiene alerta de lo que está pasando en la carretera y los estudios han demostrado que los conductores que van con pasajeros van más seguros que los que van solos, excepto en el caso de los adolescentes que es al revés, que es más peligroso.

Otra área sería la tecnológica,  con cámaras que detectan el comportamiento del ojo, que indican si el conductor está fatigado y así se puede intervenir con unos avisos o con un cambio de volumen de la música.

Otro, el de la gestión de las emociones y la manera en que nosotros enseñamos a los conductores. Hay señales muy anónimas que el Estado dicen que se pongan y que se convierten en invisibles para nosotros, pero hay gente que ha sugerido el implantar señales emocionalmente inteligentes que se dirijan más directamente al conductor, que hablen al conductor de un
modo distinto, intentando utilizar métodos más ortodoxos.

Hay otro punto que podemos enseñar a los conductores más jóvenes. Les hemos estado educando en aspectos mecánicos, normativos, etc. lo cual es bueno y es importante, pero nos olvidamos de cosas más amplias, como por ejemplo, la ética. Y en Inglaterra están evolucionando hacia la idea de que conducir es participar en un sistema social e interactuar con otros de un modo social.

¿Ha cambiado sus hábitos en la conducción después de haber escrito el libro “Tráfico”?

Sí, con las investigaciones que he hecho, esto me ha abierto los ojos sobre los riesgos y las complejidades que implica la conducción. Conducir para mí nunca es aburrido, para mi siempre es una posible fuente de información, pero sigo sujeto a los mismos problemas que los otros conductores, como por ejemplo, cambiar de carril porque el de al lado va un poco más rápido aunque ya sé que debería quedarme donde estoy.

 

¿Le sorprendió que un libro como “Tráfico” tuviera el éxito internacional que ha tenido, siendo una temática tan poco seguida por la sociedad?

A mí me sorprendió que cuando empecé a hablar con la gente sobre el libro, fue cuando tuve la sensación de que podía tener éxito, porque la gente empezaba a debatir entre ellos sobre lo que hablaba, y entonces pensé en el hecho de que todos estamos muy familiarizados con la conducción y el tráfico. Es una forma de decir que todo el mundo que tiene un carné de
conducir es un experto en tráfico y creo que la gente se comporta así. Lo que espero que mi libro haya aportado a la gente es mostrarles cuanto más interesante puede ser el tema, más que algo de lo que simplemente hablamos en el trabajo o en el café sobre el tráfico de esa mañana.

 

¿Tiene previsto publicar una segunda parte de “Tráfico”?

Podría, porque solo he arañado un poco la superficie del tema, y se podría abordar más a fondo: interacción entre distintos modos de transporte, la convivencia entre peatones y conductores, los conductores jóvenes y mayores, etc. Lo que sí estoy seguro es que hay más materia para hacer otro libro sobre tráfico.

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