La conducción en la tercera edad

MADRID, 2 de Abril de 2009.
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El  envejecimiento de la población española tiene también su reflejo en el ámbito de la seguridad vial. Actualmente, el 10% de los conductores  españoles son mayores de 65 años, una cifra que aumenta de forma progresiva y que augura que, en el 2010, más de un millón de personas circularán en España con 80 años cumplidos.

Para muchos conductores las personas de más de 65 años representan un peligro en la carretera, al llegar a una edad donde la capacidad de concentración, la pérdida de visión o la menor rapidez de reflejos suelen situarse en unos parámetros muy elevados, a pesar de que los expertos y las estadísticas desmienten esta opinión. Pero dado que el número de conductores mayores va en aumento, la polémica no ha hecho más que comenzar y cada vez con más frecuencia se oyen reflexiones tales cómo ¿Es seguro (para ellos y para los demás) que sigan conduciendo las personas mayores? ¿Habría que poner un límite de edad a la conducción?

Veamos todos lo datos. De los 24.712.280 conductores con que contaba España en el 2007, 2.527.681 tenían más de 65 años de edad, es decir un 10% del censo total. Se constata, además, un lento pero constante envejecimiento del censo de conductores, en los porcentajes correspondientes a tramos de más de 45 años. Son datos, por otra parte, que no hacen sino que constatar el envejecimiento de la población española. Hasta la ONU ha estimado que en el año 2050, España será el tercer país más envejecido del planeta por detrás de Japón e Italia.

Los riesgos

A partir de los 55 años se produce un deterioro progresivo de las capacidades psicomotoras, que se hacen más evidentes a partir de los 65 y que son extremas después de los 75 años, produciéndose una merma en la capacidad de atención, de la visión, audición y los reflejos, lo que se traduce en pequeños despistes, ha asegurado José Antonio Flórez, catedrático de Ciencias de la Conducta de la Facultad de Medicina de Oviedo.

Entre esos despistes, cabe mencionar la dificultad para aparcar, golpes frecuentes por errores de cálculo al circular o al aparcar, dificultad para seguir una trayectoria en línea recta, no respetar las señales, no hacer el stop ni ceder el paso, invasión continua del carril contrario, giros sin señalizar, etc.

Además, con la edad, comienzan a aparecer molestias y enfermedades que impiden o dificultan de alguna manera la realización de una conducción segura como las que afectan a la capacidad visual (cataratas, degeneración macular senil, glaucoma, desprendimiento de retina, etc.) y auditiva, diabetes, enfermedades vasculares (cardiacas y cerebrales), demencia senil, alzheimer, parkinson, trastornos del sueño y somnolencia, etc. Molestias y enfermedades que requieren tratamientos con determinados fármacos que pueden influir de forma negativa en la conducción de estas personas. Nos estamos refiriendo a fármacos como los antihipertensivos, los neurolépticos, los antidiabéticos, los ansiolíticos, los anticolinérgicos, los antidepresivos y las insulinas.

Según datos de la Confederación Española de Organizaciones de Mayores (CEOMA), el 32% de las personas mayores de 65 años (más de 7 millones en España) tienen alguna discapacidad, mientras que el resto de la población solamente están afectada en el 5%. Si hablamos de pérdida de la visión, se estima que afecta al 49% de las personas mayores y si lo hacemos de problemas de audición, éstos afectarían al 11% de este colectivo.

Incidencia en los accidentes

Lo cierto es que, a pesar de todos esos datos, las estadísticas de accidentalidad vial referentes a las personas mayores no son especialmente relevantes. El propio Director General de Tráfico, Pere Navarro, ha manifestado públicamente que la responsabilidad del  colectivo de personas mayores en los índices de siniestralidad es «poco alarmante», aunque también ha llegado a afirmar que ha aumentado el número de «solicitudes» que llegan a la DGT por parte de familiares de personas mayores que se declaran «preocupados» y piden que la Administración les retire el carné de conducir. «Esto quiere decir que algo pasa y habrá que reflexionar sobre el tema», indicó Pere Navarro en el transcurso de su intervención en el Foro que, sobre Envejecimiento y Seguridad Vial, se organizó por la DGT y el Instituto Europeo de Salud y Bienestar Social en el año 2006.

El responsable de Tráfico también ha señalado que por lo general las personas mayores se comportan al volante de manera más responsable que el resto, tendiendo a evitar situaciones de circulación difíciles. Es decir, que cuando el conductor mayor es consciente de sus limitaciones cambia sus hábitos de conducción con el fin de evitar los accidentes. Para ello, conduce menos horas al día, disminuye la velocidad, evita la conducción nocturna, evita las zonas y momentos conflictivos como pueden ser desplazamientos masivos en fechas punta, consumo de alcohol o drogas y condiciones meteorológicas adversas.

Y aunque los conductores mayores tienen una menor siniestralidad vial que otros grupos de edad en números absolutos, si que tienen en cambio un mayor número de accidentes por kilómetros recorridos en relación con otros conductores adultos.

Las estadísticas de siniestralidad españolas correspondientes a 2007 señalan que fallecieron 602 personas de más de 65 años, 242 conducían un vehículo, 115 eran pasajeros y 245 eran peatones. Si consideramos las cifras de peatones fallecidos, el 41% de éstos pertenecían a! grupo de edad de más de 65 años, pero son los mayores de 75 años los que mayor riesgo tienen de morir atropellados (el 27% de los peatones fallecidos tenían más de 75 años).El número de fallecidos en zona urbana para el grupo de mayores de 64 años fue de 180, siendo el grupo de edad que más fallecidos ha computado en áreas urbanas y 152 de ellas eran peatones, es decir el 84%.

¿Limitar la edad de conducir?

Para la Confederación Española de Organizaciones de Mayores (CEOMA), la tentación de imponer prohibiciones exclusivamente en razón de la edad sería tremendamente negativa para la gran mayoría de personas mayores sanas y en correctas condiciones de poder conducir. Para la autonomía de las personas mayores, el vehículo es hoy en día un elemento esencial, además de ser la edad en la que más se puede disfrutar de las actividades de ocio. Piensa CEOMA, que la retirada del permiso de conducir significaría un daño fundamental en su autoestima.

Para el gerontólogo Ricardo Moragas, director de un grupo de investigación del envejecimiento en la Universidad de Barcelona y autor del informe “Los conductores seniors en autopistas: presente y futuro”, publicado junto a la Fundación Abertis, “no hay que poner límite de edad para conducir. La edad no es un criterio de incapacidad, sino la pérdida de función. Hay que medir la aptitud de cada individuo”. En sus conclusiones, Ricardo Moragas señala que “estos conductores tienen una baja siniestralidad, porque adoptan conductas menos arriesgadas”. Es más, para él, los  conductores mayores ofrecen experiencia y prudencia: “El habitual deterioro que produce el envejecimiento hace adoptar al conductor mayor una serie de medidas protectoras y reductoras de riesgos. Asume nuevos patrones de movilidad y una acomodación al entorno, lo que reduce el riesgo de accidentes”.

Para conocer un poco mejor el perfil de los conductores mayores, nos hacemos eco de algunos datos publicados por diferentes medios, que señalan que éstos son jubilados de clase media, que viven en zonas mayoritariamente urbanas, que cuentan con una media de ingresos mensuales de unos 1.200 euros. Disponen de vehículos con una antigüedad media de seis años, con los que recorren unos 120 kilómetros por semana y sus salidas suelen responder a motivos de ocio, visitas médicas o familiares.

Las  experiencias de otros países

El envejecimiento de la población y su influencia en la conducción, no sólo es un fenómeno propio de España, sino que tiene lógicamente un alcance internacional, que ha llevado a actuar a las autoridades de forma desigual en el ámbito de la conducción.

A nivel comunitario, por ejemplo, existe una normativa que restringe el área geográfica por la que pueden circular los mayores (normativa que por cierto, aún no ha sido asumida por España). En Francia, pese a que los conductores mayores de 65 años representan el 20% de los 40 millones con carné, este fenómeno no les preocupa demasiado. Igual sucede en Austria, donde no se les exige renovar el carné ni pasar controles de salud, a pesar de que en el 14% de los accidentes están implicados conductores mayores de 65 años. En Italia, por el contrario, el conductor que no acredite las condiciones oportunas para conducir es desviado a una comisión de la Seguridad Social para que le realice un chequeo médico en profundidad.

Más allá de Europa, al margen de Estados Unidos donde se calcula que la generación de los nacidos entre 1946 y 1964 podría disparar el número de accidentes entre un 130% y un 300% en los próximos 20 años, destaca Japón. Las autoridades del país asiático animan a los conductores de más de 65 años a entregar su carné de conducir, ofreciéndoles una serie de promociones como mejores tipos de interés en los bancos, descuentos en los comercios, regalos, etc.

Información: www.dgt.es, www.ceoma.org, www.fundacioabertis.org

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